Águilas del Zulia: nuevo mánager, mismo plan de importación

  • 01/10/2026
  • Redacción Meridiano

LVBP 2026-2027

Guillermo Quiroz dirige a Águilas del Zulia desde mayo y el club reserva casi todo el cupo de importados para el pitcheo. El esquema repite el de la temporada pasada, que dejó 5.68 de efectividad.

Águilas del Zulia ha resuelto el mando y ha definido el plan de refuerzos. El 27 de mayo confirmó a Guillermo Quiroz como mánager para la temporada 2026-27, en sustitución de Lipso Nava, que había firmado con Leones del Caracas. El 6 de agosto, un ejecutivo del alto mando explicó a El Emergente que la mayoría del cupo de importados se destinará al pitcheo, con una excepción: un bateador capaz de cubrir varias posiciones. Ambas decisiones apuntan al mismo sitio —ordenar el equipo desde el montículo— y admiten ya un examen, porque el esquema que se anuncia es el mismo de 2025-26, cuando los pitchers extranjeros dejaron una efectividad colectiva de 5.68 en 161.1 innings.

Repetir un plan no es un error; repetirlo sin cambiar la calidad de los brazos que lo ejecutan sí puede serlo. Ese es el punto que resolverá el calendario.

Un mánager formado en el sistema

Quiroz tiene 44 años, nació en Maracaibo y jugó 10 temporadas en Grandes Ligas, con anillo de la Serie Mundial de 2014 incluido. En Venezuela disputó 12 campañas y ganó dos títulos: el de 1999-2000 con las propias Águilas, club con el que debutó en 1998-99, y el de 2015-16 con Tigres de Aragua.

Su carrera técnica empezó en 2018 en el sistema de los Medias Blancas de Chicago. Dirigió al Winston-Salem Dash en Clase A Avanzada, se coronó en 2025 con la filial Doble A, los Birmingham Barons, y acumula más de 300 victorias en ligas menores. La LVBP le dará su primera experiencia como mánager en un torneo de invierno.

La elección siguió un perfil que el club enunció así: «un perfil técnico que no sólo dominara las herramientas del béisbol moderno, sino que también entendiera la identidad, el orgullo y el sentir de nuestra divisa». El proceso comparó a Quiroz con Carlos Maldonado y Carlos Valderrama. Ganó Quiroz; Maldonado se incorporó como coach de banca, después de haber sido coach de tercera base en 2025-26 y de dirigir en el Clase A de los Rangers. Es continuidad donde el club podía haber roto con todo.

Su discurso fija la promesa: «Trataremos de mantener la esencia de lo que es la pelota venezolana, pero vamos también a acercarnos con nuestro trabajo a los métodos que se implementan en USA». Trasladar un método de desarrollo, con calendarios largos y procesos graduales, a un torneo de 56 juegos exige decisiones rápidas y tolerancia cero al error. Esa adaptación es la incógnita, no la credencial.

Casi todo el cupo, para el pitcheo

El grueso del cupo se compondrá de lanzadores: en principio, cinco de seis posibles si se mantenía la cuota del año anterior. La excepción será un bateador polifuncional, capaz de jugar tercera y outfield, con más atleticismo que poder puro. «La mayoría de nuestros importados serán lanzadores», dijo al medio un ejecutivo del alto mando no identificado: una intención, no un compromiso público del club.

La consecuencia inmediata es la salida de Isaías Tejeda, que no repetirá pese a batear para .294 con .851 de OPS. El club no cambia de importado por rendimiento, sino por perfil: prefiere un jugador que cubra huecos a un primera base de producción concentrada.

Quedaba una variable ajena al club. La Convención Anual de septiembre debía pronunciarse sobre el cupo de forasteros y lo elevó a ocho importados. El plan se había diseñado sobre seis, de modo que Águilas gana dos plazas que todavía no ha distribuido en público: no consta si sumará otro brazo o un segundo bate. Lo verificable es la intención, expresada antes de la Convención, de reservar la mayoría del cupo para el pitcheo.

El esquema ya se probó

En 2025-26, Águilas contrató 12 importados y 11 fueron lanzadores. Ese grupo dejó 5.68 de efectividad en 161.1 innings. La dependencia del brazo extranjero fue estructural: 24 de los 56 juegos de la ronda regular los inició un forastero, y en el Round Robin la proporción subió a 15 de 16.

El esquema que se anuncia no es una corrección: es la continuidad de un modelo que funcionó en estructura y no en rendimiento. Si los brazos vuelven a dejar una efectividad cercana a 5.68, el plan habrá sido el mismo y el problema también. Es una conclusión derivada, no un hecho del club, pero se apoya en cifras verificables.

Hay un segundo efecto. Un equipo que abre con extranjeros dos de cada cinco partidos concentra el riesgo: la lesión de un abridor no afecta a un juego, afecta a la rotación entera. En series cortas, donde el Round Robin ya exigió abridores forasteros en casi todos los choques, ese riesgo se multiplica.

Las preguntas que quedan

Águilas no ha publicado los nombres de sus importados, de modo que la mejora solo puede evaluarse por el perfil declarado. Si el club repite el esquema, la diferencia tendrá que estar en la calidad de los brazos.

El bateador polifuncional resuelve necesidades tácticas, pero no sustituye la producción de un importado de poder; el club ha decidido que el intercambio le conviene. Y a Quiroz le falta lo único que no se hereda: haber dirigido en la LVBP.

Con lo que consta, el balance es este: un mando definido, un plan coherente y un problema de pitcheo que el plan, por sí solo, no resuelve. La temporada dirá si la apuesta era orden o si era, otra vez, el mismo punto de partida.