David Peralta: la última temporada del veterano que eligió Margarita

  • 19/10/2026
  • Redacción Meridiano

LVBP 2026-2027

Cumplió 39 años y afronta su último campeonato en la LVBP con Bravos, el club que persigue su primer título. Llegó del aeropuerto al estadio el mismo día.

David Peralta cumplió 39 años el mes pasado y afronta su última temporada en la LVBP con Bravos de Margarita. Llegó a Venezuela un viernes y se presentó en el Estadio Nueva Esparta directamente desde el aeropuerto: «Me vine directo del aeropuerto al estadio, de la emoción de compartir con mis compañeros, de practicar, de estar listo para la temporada», dijo.

La anécdota describe al jugador mejor que cualquier estadística. Un veterano de 39 años que ya no necesita demostrar nada eligió llegar temprano.

Un regreso que duró poco

Peralta volvió a la LVBP la temporada pasada después de diez años de ausencia. Disputó 12 encuentros, con 10 hits, un doble, un jonrón, dos impulsadas y .250 de promedio. Fue, en sus propias palabras, un regreso para probarse; esta vez viene a quedarse.

«En mi última temporada, decidí venir desde temprano, para estar listo desde el primer día», explicó. «Me he caracterizado por ser una persona trabajadora».

Hay una diferencia entre ambas decisiones. La primera fue una vuelta; la segunda es una despedida, y las despedidas se juegan de otra manera.

No es una frase de efecto. Un jugador que sabe que no habrá otra temporada administra el cuerpo de otra forma: dosifica los entrenamientos, acepta menos turnos y mide cada viaje. La experiencia ayuda, pero el calendario no perdona.

El club que lo recibe

Bravos de Margarita persigue el primer título de su historia, un objetivo que la gerencia ha formulado en público. El equipo no cuenta con grandeligas en la plantilla y compensa esa ausencia con peloteros de rendimiento local y probada calidad en la liga.

La rotación anunciada la forman Salomón Bates, Luis Escobar, Ángel Rondón y Jorge García, y el club ha incorporado al jardinero japonés Tomo Otozaka, al infielder cubano Diosbel Arias y al receptor José Herrera. Es un plantel construido sin nombres de impacto, y ahí entra la utilidad de un veterano como Peralta.

El club no cuenta con grandeligas en la plantilla, según explicó la gerencia al presentar su plan, y compensa esa ausencia con jugadores de rendimiento local. En un roster así, la experiencia de alguien que ha jugado en el mejor béisbol del mundo vale tanto como su bate.

Lo que aporta un jugador de 39 años

Su valor no se mide solo en turnos. En un vestuario joven, un pelotero que ha jugado en Grandes Ligas aporta rutinas, criterio y una forma de entender la preparación que no se enseña en una charla.

El propio Peralta lo planteó como una cuestión de ejemplo: «Tenemos ganas de ganar y lograr esa meta que deseamos todos, que es ese anhelado título para los Bravos de Margarita».

La frase es la del club, no la del jugador. Pero importa que la repita alguien que ha estado en otros vestuarios y que sabe distinguir una aspiración de una promesa.

El límite

Un veterano de 39 años no puede resolver la temporada de un equipo. Puede aportar en momentos concretos —un turno con corredores en posición de anotar, una serie corta— y puede sostener el ánimo de un grupo. Lo que no puede es cubrir las carencias de una plantilla sin grandeligas.

El riesgo es que el club deposite en él una expectativa que corresponde al conjunto. Bravos necesita que su rotación sostenga el calendario, no que un jardinero de 39 años gane partidos.

El formato tampoco perdona: 56 juegos en once semanas, con un roster semanal de 34 y 24 disponibles por día. Un veterano entra en esa cuenta como una pieza que aporta en momentos concretos, no como un titular de todos los días.

Ahí está la diferencia entre un fichaje y un símbolo. El club ha contratado a un jugador para que juegue, y la afición verá en él algo más: la última temporada de alguien que ya formó parte de esta historia.

Lo que se medirá

El primer indicador será su presencia en el terreno: cuántos juegos disputa y en qué condiciones llega a diciembre. El segundo, su efecto en el grupo, que no aparece en ninguna estadística.

Con lo que consta, el balance es este: Peralta llega a despedirse en el único club que le ha ofrecido algo parecido a una casa, y lo hace con una temporada por delante y sin promesas. Su último año será el de un profesional que eligió trabajar hasta el final.

Y si el club consigue el título que persigue desde su fundación, su despedida tendrá un argumento que ningún contrato puede comprar.