Yadier Molina: el campeón que ahora defiende su obra

  • 10/10/2026
  • Redacción Meridiano

LVBP 2026-2027

Molina ganó el título tras asumir a Magallanes con 8-15. La temporada 2026-27 le plantea el reto contrario: defender desde arriba con un equipo armado de antemano.

Yadier Molina ganó la temporada 2025-26 con Magallanes después de asumir el equipo con un récord de 8-15. Fue una de las remontadas más celebradas del torneo, terminó con el decimocuarto título de la franquicia y le valió el premio al Mánager del Año. La temporada 2026-27 le plantea el reto inverso: ya no tiene que rescatar a nadie, sino defender desde arriba una obra que empezó cuesta arriba.

La remontada como currículo

Molina no arrancó desde el primer día. Lo contactó la gerencia cuando el equipo estaba hundido y tomó el mando con el balance de 8-15 que había dejado Eduardo Pérez. Desde ahí construyó una segunda mitad que acabó frente a Caribes de Anzoátegui y le dio el segundo trofeo de su carrera como mánager.

Era, además, su segunda etapa al frente del Magallanes en el béisbol venezolano. El club premió el resultado con una renovación de dos temporadas y opción a una tercera, y él la justificó así: «Creo firmemente que podemos seguir ganando campeonatos en los próximos años, y yo quiero ser parte de esa historia».

El dato que suele citarse para explicar el título es el 8-15. Conviene añadir el otro: el equipo no arrancó con Molina; la gerencia lo llamó cuando la temporada ya estaba comprometida. El mánager no diseñó la plantilla que ganó. Esta vez sí llega al arranque, con una pretemporada completa por delante y con voz en la construcción del equipo.

Ese currículo tiene un límite que conviene señalar: la remontada se apoya en una virtud —reaccionar— que solo se demuestra cuando el equipo va por detrás. Dirigir desde la primera plaza exige otra distinta, la de administrar la ventaja sin perderla.

La renovación tiene una lectura institucional que va más allá del resultado. En una liga donde los banquillos cambian con frecuencia —Aragua pasó por nueve mánagers en pocos años—, firmar dos temporadas con opción a una tercera es una apuesta por la estabilidad. Magallanes ha decidido que el método que rescató al equipo sirve también para defenderlo.

Lo que el club cambió por delante

La gerencia no ha dejado el arranque al azar. El gerente deportivo, Federico Rojas, explicó que la importación se estructuró sobre lanzadores y que la prioridad era evitar el octubre flojo del año anterior. La pretemporada empezó con 62 jugadores, de ellos 28 lanzadores, un volumen que apunta a competencia interna desde el primer día.

«Tendremos un equipo con mucha profundidad desde el arranque», dijo Rojas. La frase describe el plan y también el reproche al pasado: el equipo que ganó llegó tarde a la cita y tuvo que remar.

Con ese material, el margen de Molina se estrecha. Un tropiezo en abril se explica; en octubre, con un plantel preparado para empezar fuerte, se convierte en un problema de gestión.

El mánager de un favorito

Dirigir a un favorito tiene una dificultad específica: no hay margen para la narrativa de la remontada. Cada derrota se lee como un defecto del plan y no como parte del camino, y las decisiones de bullpen se juzgan con más dureza porque el equipo, sobre el papel, no debería necesitar remontadas.

Molina tiene dos herramientas que ya conoce: el respaldo de una directiva que lo renovó y un cuerpo técnico que trabajó con él en la segunda mitad del título. Ambas importan en un torneo de 56 juegos, donde la gestión del desgaste pesa tanto como la alineación.

Las incógnitas

La primera es la ofensiva. La importación se ha volcado en el pitcheo y el club ha anunciado que habrá un jugador de posición; hasta que llegue, la producción dependerá de los bateadores criollos.

La segunda es la llegada de los grandeligas que el club espera de la organización de los Mets, cuyo calendario no controla. La profundidad anunciada atenúa el riesgo, pero no lo elimina.

La tercera es la más difícil de medir: la paciencia. Un campeón que empieza mal arrastra una presión distinta de la que tuvo el año pasado, cuando nadie esperaba nada.

Lo que se medirá

Molina ya demostró que puede enderezar un equipo roto. Lo que la temporada 2026-27 pondrá a prueba es si sabe mantener entero uno que funciona. Son dos oficios distintos, y el segundo es el que corresponde a un campeón que defiende. El calendario, con 56 juegos en once semanas, no le dará muchas oportunidades de corregir.