Balbino Fuenmayor se instala en el club élite de los jonroneros de la LVBP

Con dos jonrones en la Serie Táchira, Balbino Fuenmayor llegó a 91 vuelacercas de por vida y se metió en el top 10 histórico de jonroneros de la LVBP.

Posted by Redacción Meridiano on 9 de diciembre de 2025

Anoche en San Cristóbal, la bola no salió del estadio: salió de la historia. Balbino Fuenmayor firmó una de esas jornadas que se quedan pegadas en la memoria del aficionado caribeño, con dos batazos descomunales que no solo encendieron a la “Tribu”, sino que lo terminaron de acomodar en la lista grande de los jonroneros de la LVBP.

La victoria de Caribes sobre Magallanes en la Serie Táchira tuvo muchas aristas, pero todas terminan en el mismo punto de impacto: el madero de Fuenmayor. Con su actuación, el inicialista llegó a 12 jonrones en la temporada 2025-26, nuevo tope personal, se elevó a 91 cuadrangulares de por vida en la liga y alcanzó las 360 carreras impulsadas con Caribes, igualando el récord histórico de la franquicia.

En una liga donde los importados van y vienen, y los roster cambian de rostro todos los años, el peso de un bate que se mantiene durante década y media con la misma organización tiene un valor distinto. Eso es lo que simboliza hoy Fuenmayor para Caribes y para la historia reciente de la LVBP.

Un lunes de batazos históricos

El boxscore dirá que se fue de 5-3, con 2 jonrones y 4 remolcadas, pero el impacto va mucho más allá de una línea de números. En un parque neutral, en plena Serie Táchira, Fuenmayor impuso la fuerza de un slugger hecho y derecho en un momento clave de la zafra, cuando Caribes pelea arriba en la tabla y cada juego pesa como si ya fuera de Round Robin.

Ese par de estacazos no solo lo llevaron a la docena de vuelacercas en la campaña, sino que ratifican que esta zafra no es un pico aislado, sino la continuidad de una carrera de poder sostenido. A sus 15 temporadas en el circuito, lejos de dar señales de declive, Fuenmayor está firmando una de sus versiones más completas con el madero.

El nuevo paisaje de la historia jonronera

Con 91 jonrones de por vida, el derecho ya superó a un emblema como José “El Hacha” Castillo (90) y se metió en el top 10 histórico de la LVBP. Por encima de él aparecen los nombres habituales cuando se habla de poder en el Caribe: cañoneros que marcaron una época en los años 90 y 2000, y referentes recientes del slugging criollo.

Ese contexto agranda la dimensión de lo que está haciendo Fuenmayor. No es un toletero que construyó sus números saltando de uniforme en uniforme: todo su poder está concentrado en una sola camiseta. Cada jonrón que suma no solo lo acerca a la barrera simbólica de los 100 cuadrangulares, sino que refuerza la idea de que Caribes ha tenido, por años, a uno de los bateadores de más impacto silencioso del circuito.

Caribes y un proyecto edificado alrededor de su cuarto bate

La cifra de 360 impulsadas con la Tribu, que ahora comparte en lo más alto con Eliézer Alfonzo, habla de algo que va más allá del jonrón puntual: constancia, salud y protagonismo sostenido en el corazón del lineup. Fuenmayor ha sido, por años, el ancla del medio de la alineación, el bate al que todos miran cuando el juego está en la raya.

La actual campaña lo confirma: .313/.368/.593 en 39 juegos, con 47 hits, 12 jonrones, 36 empujadas y 17 anotadas. Es la radiografía de un slugger que no solo tira la bola lejos, sino que produce a ritmo de estrella en un contexto donde el pitcheo se ha ido sofisticando y los bullpens ya no regalan tantos errores. Para Caribes, esa productividad no es un lujo: es la columna vertebral de su aspiración de volver a meterse en enero con opción real.

Mirando hacia adelante

Lo que pasó en San Cristóbal no es un punto final, sino una coma en una historia que todavía tiene capítulos por escribir. De aquí a que caiga el último out de la ronda regular, cada turno de Fuenmayor se leerá también como una carrera contra el tiempo: romper en solitario el récord de impulsadas de Caribes, seguir escalando en la tabla histórica de jonrones y acercarse un poco más al club de los 100.

En una LVBP cada vez más dinámica, donde las figuras suben y bajan con el invierno, Balbino se ha ganado algo que no se compra con un solo batazo: la condición de símbolo. Y en este beisbol nuestro, los símbolos no se miden solo en estadísticas, sino en la sensación que dejan cuando se paran en la caja de bateo: la de que, en cualquier swing, pueden volver a sacudir la historia.